historia de como le destrocé la vida a una funcionaria

Decir que su coño desprendía un olor como el que desprende una carta cerrada, sería un poco absurdo, pero siempre que paseaba mi inquieta lengua por sus extremidades no podía evitar pensarlo, soy una persona muy meticulosa con los olores, y por muy leve que sea, siempre tiendo a fijarme en ellos. Esta chica de la que hablo trabajaba en la oficina de correos, el año que salimos juntos pensé que jamás podría follarme a una tipa sin uniforme, pero al final superé esa crisis existencial y volvieron a atraerme las mujeres de a pie.

Aquella primavera fue bastante intensa, a los pájaros se les olvidó volar en pleno acto y todas las calles estaban repletas de pequeños gorriones estampados, todos ellos me resultaban como una conceptual obra de arte. Hablando en serio, no se bien que pasaría en las alturas, pero todos nos estábamos volviendo locos, estábamos todos muy alterados y sí, la calle estaba llena de esos pequeños pajarillos entrañables rodeados de entrañas.

Como era de esperar, Claudia, la cartera, me había acogido en su casa, como una de tantas veces, no tenía dinero para pagar el alquiler y no se si tendré un don especial para conquistar mujeres, pero a esta la conocí una mañana que fui a buscar algo de cocaína a la barriada mas chunga de la ciudad. Ella estaba en la casapuerta, descifrando el mensaje de los buzones e introduciendo la correspondencia en cada una de esas deformadas estructuras metálicas que requerían ser sustituidas.

Acabé yendo a ese barrio, por el amigo de un amigo, estaba en época de vacas flacas, todos mis camellos habían dejado el negocio por problemas con la justicia, y yo estaba realmente más enganchado que nunca a la farlopa, necesitaba mi dosis. Me dijeron que era el bloque doce, pero se me olvidó que piso era, así que con la poca vergüenza que me caracteriza, le dije:

-Eh, ¿sabes en que piso vive Juan?

-En este piso viven unos cuantos Juanes…

-Ya, pero que vendan cocaína no puede haber varios ¿no?, por que si no quiere decir que he llegado casualmente al paraíso

La chica soltó una leve sonrisa, risueñamente me respondió:

-El chico que buscas vive en el segundo A, no utilices el ascensor por que no funciona.

-Muchísimas gracias preciosidad.

Con la cabeza bien alta, me dispuse a subir las escaleras, no sé por que coño la levanté tanto, por que me metí un leñazo con un gollete de escayola que sobresalía que me hizo parecer más idiota de lo normal cuando llegué a su puerta. Estaba un poco aturdido por el golpe, poco mas tarde se me formaría un visible chichón en la frente, quien demonios le mandaría a mi madre fabricarme tan alto…

¡Din don!

La puerta estaba machacada, me asustó ver una marca de bala justo al lado de la mirilla, por no mencionar que faltaban trozos de puerta que habían sido remplazados por otros de madera.

¿Si? Dijo sin abrir la puerta.

-Ehm, hola, vengo por que me manda un amigo, Alberto, “el regola”.

-¿Vienes solo?

-Si

Violentamente abrió la puerta, me agarró de la camiseta y me metió para dentro.

-¿Cuánto quieres? Estoy liado con unos asuntos, así que rápido por favor.

Bueno, yo con dos gramos tengo para un tiempecito. (Mi último concierto me dio lo suficiente como para poder pagarme una buena tajada).

-Está bien, espera un momento, no te muevas de aquí ¡y no toque nada joder!

El comportamiento de este escuálido amigo de ungidas mejillas me puso un poco nervioso, pero estaba acostumbrado a todo tipo de movidas de esta clase.

Muy de lejos, como de la otra punta de la casa, emanaban unos misteriosos sonidos que parecían ser quejidos.

-¡PLAS! ¡CALLA DE UNA VEZ PUTA!

El fue a por mi dosis al otro extremo de la casa, de donde procedía todo ese barullo.

Estaba realmente incomodo, me temblaban las rodillas y cuando eso me sucedía, es que algo bueno no estaba pasando. Todo el salón estaba patas arriba, la mesa tirada, restos de sangre por todo el suelo, un cenicero roto de cual las cenizas esparcidas por el suelo creaban un bonito contraste con los restos rojos.

-¡No querrás que el se entere de todo esto! ¿¡VERDAD ZORRA!?

La chica, o lo que fuese, no paraba de gimotear, tenía unas ganas enormes de saber que coño estaba pasando, pero como no quería ser yo el siguiente en llevarme una hostia, mantuve mi piquito cerrado.

Corriendo por el pasillo, venía el chico con una bolsita en la mano. Sin dejar de tocarse la nariz y decir “joder” sin parar me dijo:

-Chico aquí tienes, perdóname si estoy un poco tenso, pero no sabes como acabo de liarla. Aquí tienes tu mierda.

-Uoh, gracias, ¿Qué es lo que pasa?

-¿Te ha dado alguien permiso para que hables?, coge tu puta mierda y lárgate de aquí.

Rápidamente, le entregue el dinero y salí tan pronto de ese antro como pude.

Bajando la escalera velozmente, me volví a golpear la cabeza. Al llegar a la casapuerta, comprobé si la transición había sido correcta y efectivamente, yo tenía dos gramos de cocaína y aquel desconocido y maleducado amigo tenía mi sucio dinero.

Mientras me guardaba la coca en un sitio seguro, ¡BUM! Irrumpió en mi dudosa tranquilidad un sonido de bala, tenía que salir lo antes posible de aquí, si viene la policía, iba a meterme en un buen marrón…

Una vez fuera de la casapuerta, en el callejón de al lado escuché unos chillidos:

-¡Suéltame! ¡Por favor!

¡TRAS! Un fuerte golpe se hizo notar.

Como suponer se me da muy bien, y más o menos me quedé con el timbre de voz de la cartera, rápidamente deduje que se trataba de ella, algún problema estaría teniendo.

Actué rápido, no tenía nada con que defenderla, así que me quité un zapato y lo agarré fuertemente. Al asomarme a la esquina, la chica tenía la camisa del uniforme rota, uno de sus preciosos senos sobresalía de forma extrañamente erótica. Dos yonquis estaban metiéndole mano e intentando quitarle el zurrón de las cartas. De un salto me abalancé sobre uno de ellos, lo golpeé fuertemente con el calzado en la cabeza hasta que este con una enorme brecha en la cabeza, cayó derrumbado al suelo, el otro al ver sangre, se asustó y salió corriendo.

-Rápido, tenemos que irnos de aquí.

La agarré del brazo y me dijo donde tenía aparcada su moto, me dio las llaves y pusimos rumbo hacia la civilización.

La llevé a mi piso, estaba muy desordenado, fácilmente podría ser comparado con el del camello chungo al que le pillé los dos gramos, pero sin manchas de sangre y sin cenicero.

Fui a mi cuarto y le saqué una camiseta para que pudiese cambiarse, ella aun estaba algo patidifusa, pero se iba recuperando notablemente.

-Menos mal que has aparecido tú, muchísimas gracias.

-De nada hombre, no podía dejarte ahí. Lo malo es que he perdido un zapato y ya no tengo mas pares para ponerme…

La chica al menos tenía sentido del humor, no se si sería por que era de otra ciudad o porque era una pija, pero le hacía mucha gracia mi forma de hablar.

Por lo que a mi respecta, necesitaba relajarme. Eché mano de la coca y me puse dos rayas en la mesa del salón.

-¿Quieres?

-No gracias

-Bueno, pues nada.

SNIF

Me metí las dos rayas de sopetón, estaba tan ansioso, que no tardé mucho en meterme otras dos.

Pasaron unos días después de todo el jaleo, la cosa seguía bien, yo había conseguido camelarme a Claudia e instalarme en su piso. Jamás había visto unos pechos tan bonitos como los suyos y hoy día no puedo decir lo contrario, eran hermosos, grandes, pero no desmesurados, unos bellísimos pezones, una piel súper tersa…En fin increíbles.

Durante todo un año estuve masturbándome con aquellas perfecciones que algún Dios había dejado olvidado en su cuerpo, que tampoco se alejaba mucho de la perfección o al menos de lo que yo considero un cuerpo óptimo, así como despojándola de su ser por cada polvo que echábamos.

A los meses, por mi culpa, ella acabaría creando dependería de algunas drogas y finalmente acabaría en un centro de desintoxicación, donde jamás supe mas de ella.

Solo se que ha sido una de las pocas personas que se ha llevado un trozo de mi corazón y de mi vida consigo.

La última vez que la vi, acabábamos de fundirnos en la cama, volcamos lo último que nos quedaba en su cuerpo, nos dimos un último beso y desapareció.

Supongo que no soy un hombre hecho para el amor, por que al fin y al cabo o siempre destrozo una vida a través de este o acabo destrozando la mía propia…

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