preguntas y respuestas



El equivalente a setenta y dos horas sin dormir a base de metanfetamina y cocaína, no tiene ni más ni menos que ver con un superhombre, si no con un superdesastre. Iba conduciendo por la autopista de vete a saber donde, es gracioso como aprendí a conducir, porque ya ni si quiera lo recuerdo, creo que fue en ese largo periodo de tiempo de desinhibición de mi persona. En el asiento de atrás llevaba a Marcos, con una sobredosis, me dirigía al hospital, haber si podían hacer algo con el y ya de paso conmigo.

-¡BEBETE LA LECHE, OTRA VEZ LLEGAS TARDE AL COLEGIO!

-¡¡SI MAMA!!

Por mi cabeza no paraban de rondar imágenes de mi infancia, como aquella delante de la televisión, viendo las tortugas Ninja, con la leche entera, a solo quince míseros minutos de entrar en clase. A decir verdad ya hacía horas que había dejado de pensar con “normalidad”, mis ojos parecían los botones de una chaqueta, a veces hablaba solo, gritaba palabras sin sentido, me fumaba los cigarrillos de dos en dos, mi organismo era un colapso… ¿Cómo había llegado a este estado de éxtasis? Pura casualidad, sin tan si quiera darme cuenta, empezamos a meternos mierda hace tres días en un canódromo, para así hacer las apuestas mas interesantes, una cosa lleva a la otra y con tanta droga en nuestros cuerpos no sentíamos el cansancio, ni tan si quiera de forma próxima, cada vez que dábamos una cabezada nos metíamos una nueva raya ¿De donde había sacado tanta droga? Muy fácil, Marcos, el individuo que estaba al borde de la muerte, era un famoso camello de mi ciudad, al vernos con cada vez mas frecuencia nos hicimos íntimos amigos, el acababa de divorciarse y a decir verdad estaba hecho una mierda, quería dejar las drogas y no sabía donde, así que le propuse consumirlo todo hasta quedarnos sin conciencia, total dos vidas ya destrozadas no podían caer mas bajo. Naturalmente accedió.

La carretera se hacía cada vez mas estrecha, yo me imaginaba la boca de una larga serpiente devorando el coche de Marcos, pero no me daba miedo, yo solo graznaba y graznaba de forma ridícula.

-¡¡NO ME DAS NINGÚN MIEDO HIJA DE LA GRAN PUTA!!

Mi compañero tenía la mirada perdida, los ojos en un blanco inmaculado, la boca abierta, babeando como un niño de dos años, yo pegaba volantazos, me tocaba la nariz una y otra vez, quedaba algo de coca en la guantera, la última raya, la necesitaba para seguir conduciendo.

-¡¡NECESITO COMBUSTIBLE!! ¿¡Puede un coche conducir sin gasolina!? ¡¿Puede la gasolina alimentar a treinta y dos mil niños muertos de hambre?! ¡¿PUEDE MARCOS?! ¡¡DIMELO SI TIENES COJONES!!

Volqué toda la cocaína en el salpicadero, mientras con una mano hacía acrobacias con aquel Seat Ibiza de segunda mano, con la otra preparaba una mega raya, que en ese mismo instante incluso me estaba hablando.

-Hola Víctor, ¿Cómo te va la vida?

-Uhm… ¡HOLA! Pues, pues…. No se…Dingo quedó tercero, ¿no es una putada?

-Y que lo digas, dime, ¿Qué es lo que vas a hacer conmigo?

-Bueno, exactamente, no lo sé, por que ni siquiera se que hago hablando con la cocaína de Marcos, ni se que hago conduciendo si yo no se conducir y ni si quiera se por que dejaron de emitir las tortugas Ninja en la televisión… ¡NO PUEDO ESTAR EN TODO!

¡¿SABES?!

¡¿Por qué coño te callas ahora?! ¡¡ DAME TEMA DE CONVERSACIÓN HIJA DE PERRA!!

¡Snif!

Un poco menos de medio gramo de una pasada, de repente la música no era música, el volante era un donut, el acelerador era una señora mayor que no paraba de quejarse, los asientos eran la boca de un par de lobos sedientos de sangre, un brusco volantazo, todo negro de repente y un largo sueño…

Primero recobré el oído, sonaba la televisión, solo se que era ese tedioso sonido de los programas de llama y gana que durante muchos años me habían acompañado en mis largas noches de insomnio. Lo siguiente en venir fue un terrible dolor corporal que me invadía de punta a punta y a continuación abrí los ojos. Tenía una pierna escayolada, me dolían las costillas, la cabeza y el alma.

Me pasé días en ese hospital intentando recuperarme, Marcos había fallecido antes de tener el accidente, la policía me visitaba casi a diario como si fuesen mis familiares.

Evidentemente todo este embrollo no acabó bien, pero a mi me gusta hablar de mis experiencias con las drogas, no de lo que esto conlleva…

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