Anny

Yo vivía solo en una habitación en el centro de Cádiz, había estado algunos días con Carla, jodiendo, bebiendo y metiéndonos algunos picos. Carla era una chica guapísima, de estatura media, morena, con unas facciones muy llamativas y unas piernas preciosas.  Me daba pena ver como la heroína poco a poco estaba jodiendole la vida, pero yo no era nadie para decirle que no siguiera haciéndolo si yo a mis veintiún años aparentaba por lo menos unos treinta bien demacrados.

Hacía media hora que Carla se había marchado, yo estaba un poco aturdido, sabor a rayos en la boca, pesadez en el cuerpo y una botella de vino barato para mí solo. El piso estaba muy desordenado, los gatos de mi antigua pareja habían aprendido a convivir entre mierda y algodones ensangrentados, solo tenía que darles de comer de vez en cuando, y a veces se me olvidaba y los pobres se comían todo lo que encontraban por la casa. Mi antigua pareja se había suicidado no hace mucho, la encontraron en un callejón cerca de su casa desnuda con el cuello cortado. Al principio los médicos determinaron que había sido un asesinato, pero desde el primer momento yo sabía que la pobre no estaba hecha para vivir este mundo y esta vida. Al morir, yo me quedé con su piso y con sus gatos. Evidentemente, estaba hecho mierda, había tenido algunas pausas con la heroína pero ahora que todo estaba mal, yo tenía la sensación de querer vivir menos, así que me jodía a mí y a toda la que me encontraba por el camino. Fueron un par de años muy chungos.

Me había metido el último pico con Carla, cuando se le pasaron los efectos se largó de allí. Yo simplemente me acosté a dormir y me desperté por la noche, tenía las horas de sueño totalmente cambiadas, un día podía estar durmiendo durante todo el día y hacer vida nocturna u otros días era al revés. Al despertar me di cuenta que se había dejado el bolso, como persona necesitada que soy, miré a ver que podía encontrar de valor. Había un teléfono móvil, unos cuantos papeles con números de teléfono y algunos billetes de diez euros. En uno de los papeles había anotado un nombre que me llamó mucho la atención, Anny, a continuación estaba anotado su número de teléfono. Marqué aquella dirección numérica sin pensármelo dos veces.

-¿Si? Dijo una dulce voz con acento extranjero.

-Hola Anny.

-¿Quién eres?

-Me llamo Alex. Le mentí, ese no era mi nombre.

-¿Cómo tienes mi teléfono?

-Lo encontré tirado en la calle, apuntado en un trozo de papel.

-Ah, interesante… ¿Y que quieres?

-Bueno, realmente nada en especial, solo me preguntaba si te apetecía que nos tomásemos una cerveza o algo así.

-¿Algo así? ¿Qué te hace pensar que voy a quedar con un completo desconocido para beber?

-Pues porque es más divertido beber acompañado que beber solo.

-¿Y si solo quieres follar conmigo?

-Está claro que no solo quiero follar contigo, también quiero beber, tengo cerveza y vino en mi casa, pero podemos ir a algún bar si te apetece.

-Tío, tu estas como una cabra…

-Bueno nunca entendí del todo esa expresión, pero…Uhhmm…Digamos que sí

-Bueno ¿Dónde quieres que nos veamos?

-Pues ¿que te parece en diez minutos en la Caleta?

-Está bien ¿Cómo voy a reconocerte?

-Simplemente me reconocerás.

Colgué el teléfono. Cogí un pantalón viejo, de esos llenos de boquetes, una camiseta descolorida, una cerveza para el camino y salí en su búsqueda.

Últimamente había desarrollado inmunidad a la heroína en cierto modo. La heroína provoca impotencia y ahora mismo estaba en racha, conseguía que se me pusiese más dura que una piedra, así que no podía dejar pasar esta oportunidad, tenía que follar tanto como pudiese antes de marcharme al otro barrio.

De dos grandes sorbos acabé con la lata, estaba perdiendo mis habilidades psicomotrices y me costaba andar en línea recta. Para sorpresa mía, me encontré a Carla por el camino.

-¡Cabrón, me has robado el bolso!

-¡Yo no te he robado nada zorra! ¡Tu bolso está en mi casa!

-¡Eres un hijo de puta!

Carla estaba muy bebida, llevaba la camiseta de una forma un tanto insinuante, enseñando el hombro y un poco de sujetador, nada mas verla se me puso dura. Como era tarde no había mucha gente en la calle, así que la abracé y la besé apasionadamente. Nuestros besos no eran especiales, ella besaba de forma torpe, pero tenía un buen culo. La agarré de los brazos y me la llevé al callejón más cercano. Le bajé la falda, no llevaba bragas, se la metí entera de una sestada. Apoyada contra un balcón, yo la empujaba con agresividad, ella gemía sin importarle estar en la calle.

Cuando acabé con ella, me subí los pantalones y la dejé sentada en el suelo, parecía que el polvo la había dejado exhausta.

Ya llegaba tarde a mi cita, así que apresuré un poco el paso. Al llegar a la Caleta, vi una cantidad considerable de policías y una ambulancia. Todas esas luces me aturdieron un poco, me acerqué a un policía y pregunté.

-Agente ¿Qué ha pasado?

-Una pobre chica, algún hijo de puta se la ha cargado a puñaladas…

-Oh…Lo siento.

Me quedé atónito, no podía ser otra persona, no había mas nadie en la calle, solo los policías la ambulancia y una mancha de sangre enorme en el suelo.

Me dí la vuelta y volví a casa, por el camino me volví a encontrar a Carla, seguía donde la dejé, dormida, tirada en el suelo, la cogí en brazos y me la llevé a casa. Nunca más dejaría que se separase de mi.

Al día siguiente le preparé un rico desayuno con tostadas y zumo de naranja.

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3 respuestas a Anny

  1. Equilibrista dijo:

    Uf, un relato muy duro sí…
    los vellos como escarpias…
    muy bueno… me ha gustado la historia…

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