No es el mejor bajista que conozco

No es el mejor bajista que conozco, pero tampoco el peor. Cuando yo era más joven tenía un grupo con el, lo pasábamos bien ensayando. Gracias a el empecé a mostrar lo que escribía. Me llevaba a tediosas reuniones que personalmente odiábamos, donde se recitaba poesía y te follabas a buenas mujeres. Siempre nos emborrachábamos cada vez que íbamos a una de esas reuniones y acabábamos dando la nota. Pero jamás nos dijeron que dejásemos de ir, creo que les gustaba lo que escribíamos, yo me sentía atascado y consideraba que lo que escribía no valía una mierda, pero mi mierda tenía sus moscas, su público, y si no hubiese sido por el, seguramente no hubiese publicado mi primer y único libro hasta ahora.

Habíamos estado todo el día bebiendo, quedamos para hacer unas grabaciones en un estudio y al terminar, ya íbamos como cubas.

-Víctor, esta noche hay otra reunión, es en “la casa del caballo blanco” (una especie de sótano para escritores donde se llevaban a cabo fanzines y recitales de poesía, firmas de libros y toda esa mierda…) Tenemos vino de sobra para llegar como a nosotros nos gusta.

-Bueno, si no tenemos nada mejor que hacer… Por mi perfecto.

Teníamos un bonito piso en el centro, con el tiempo dejó de ser bonito, pero mientras tanto aun seguía manteniendo el tipo, como aquel boxeador guapo que acaba de empezar su carrera y años mas tarde quedase demacrado…así acabaríamos nosotros y nuestro piso en un futuro.

Fuimos al piso a ponernos a tono, escuchar algunos discos y a seguir bebiendo. Habíamos estado grabando para una jovencísima cantaora de flamenco que acaba de iniciarse en el mundo de la música y necesitaba nuestros servicios, así que por el momento no trabajábamos de otra cosa que no fuera grabar algunos cortes en el estudio o vender algunas posturitas de hachís.

-Estoy harto de todo esto Víctor. No paraba de repetírmelo.-Cuando sea rico solo me dedicaré a escribir y beber. La música había perdido sentido en su vida, pero no la dejaba. Al contrario pasaba en mí, me era vital para mantener la poca cordura que tenía.

-Aunque sea aun muy joven, Ana tiene un polvazo.

-Ya…a lo mejor, si consigo mantener el contacto con ella un par de años más, la engatuso.

-No se, yo por mi se lo echaba ya, pero me da un poco de palo insinuarme, además sus padres allí en el estudio…no sería una buena idea.

-Bueno Carlos, tu tranquilo, que esta noche follamos.

– Jeje, así se habla.

Brindamos por nuestro fracaso, por nuestro contínuo error en este mundo, nos acabamos todo el vino y nos fuimos a lo del caballo.

No pegábamos ni con cola en aquel ambiente, trajes de chaqueta, camisas caras, algún que otro hippie y todos empeñados en parecer unos intelectuales. Nosotros dos vestíamos como vagabundos, pero con clase, eso siempre.

-Hombre Víctor, que de tiempo. Era Mauricio, un escritor mariquita, que de algún modo u otro intentaba conseguir algo de oscuridad en lo que escribía, pero siempre acababa hablando de comida o de piñatas… Un caso de persona.

-¿Cuándo piensas escribir otro libro?

-Me temo que nunca, no soy lo suficientemente bueno como para ello, y la verdad, después de mi primera experiencia, no me apetece repetir. Tanta censura, tanto lío de imprenta, que si diseños… Este no es mi mundo Mauri.

-Bueno bueno, eso decías antes de escribir el primero, yo estoy seguro que si te movieses un poco más, sacarías hasta algo de dinero.

-Anda, no digas tonterías. Ahora me voy por ahí a ver que se cuece, después nos vemos.

Era estresante, Carlos sin embargo ponía esa sonrisa pícara que lo caracterizaba y seguía para adelante, era lo suyo, no encajaba bien en ese ambiente, pero definitivamente, escribir se había hecho para el y no para mí.

-¡Eh Víctor, mira lo que tengo por aquí!

Carlos alzaba una botella de ron y abrazaba a un par de mujeres, parecían maniquíes de alguna tienda de ropa de diseño.

-Estas son Clara y Elsa, y esta pequeña de aquí está deseando que la vaciemos en la sala de descanso. ¿Te vienes?

-Que remedio…

Llegamos a la sala de descanso, las paredes estaba pintadas de gris y había unos cómodos sofás blancos donde la gente se sentaba a charlar, pero en ese instante estaba vacía.

Carlos dio un trago pronunciado y le cogió un pecho a Clara. Sinceramente, parecían prostitutas, y no me extrañaría enterarme que verdaderamente lo eran, pero no estaban del todo vacías, se podía hablar con ellas. Elsa vio la situación de cortejo entre Carlos y Clara, así que decidió entablar conversación conmigo.

-Tú eres Víctor ¿no? El autor de “óxido”.

-Eso intento.

-No me gustó mucho tu libro, parecía demasiado oscuro y casi todas las historias que escribías eran iguales, aunque algún poema no estaba del todo mal.

-Me alegro de que no te guste, a mi sigue sin gustarme.

-Creo que deberías dejar de escribir.

-Yo también lo creo…

-¿Vienes al baño? Te invito a una raya.

-¿Por qué no? Vamos a ello.

Elsa era rubia, pelo corto casi rapado, no con mucho pecho y con unas piernas demenciales.

-¿Por qué empezaste a escribir Víctor?

-Que se yo hija…son cosas que pasan.

-¿Esta bien así? ¿O quieres un poco más?

-Así esta bien.

SNIFF

SNIFF

Al volver a la sala, allí estaba Carlos, jodiendo con Clara, con el pantalón por las rodillas y con la botella de ron en su mano derecha. Todo un anti artista. Bebía y jodía al mismo tiempo, en ese momento se convirtió en mi superhéroe favorito.

-Vaya, parece que estos dos han conectado rápido.

-Eso parece. Respondí no muy entusiasmado.

Me senté en el sofá a hablar con Elsa, justo al lado de Carlos y Clara.

La verdad es que Elsa era un poco aburrida, solo criticaba a los escritores de la época y me criticaba a mí.  Además se tocaba la nariz demasiado y eso me ponía nervioso y cachondo al mismo tiempo.

-Elsa, si te digo la verdad, todo esto está aburriéndome un poco, preferiría que nos metiésemos un par de rayas más, nos pidiésemos un par de whiskys y jodiésemos en cualquier lugar.

-Vaya, ¿vas de sincero?

-No, de mentiroso.

Sin tan siquiera besarme, me bajó los pantalones y empezó a chupármela. Toda una obra artesana, esa mujer sabía bien lo que hacía. Cogí la botella de Carlos y empecé a dar largos tragos hasta que empecé a ver borroso y a sentir esa sensación de dopaje en mi cuerpo.

Los demás invitados de la fiesta pasaban  frente a la sala y nos miraban como si nada, creo que el verdadero fin de aquella sala era ese, estaba diseñada exclusivamente para joder. Era un lugar muy cómodo.

Cuando me corrí, Elsa se puso en pié, se llevó la mano a los labios y se fue.

Carlos seguía con Clara, yo me acerqué con la botella, di el último trago y con una torcida sonrisa, le metí la punta de la botella por el ano a Clara y la dejé ahí, mientras, Carlos empujaba y empujaba, le daba golpes en su enorme culo. Yo me senté en el suelo, sin pantalones y me encendí un cigarrillo.

Era una figura totalmente artística, me inspiraba ver a esa espontánea pareja follando. Sobre todo ella, apoyada de mala manera en el sofá con una botella de ron velero encajada en el culo.

Carlos se corrió fuera y empujó a la chica contra el sofá, se limpió con un cojín y nos fuimos de allí.

De camino a casa íbamos riendo y cantando alguna canción. Nos paramos a vomitar y seguimos con nuestro camino.

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Una respuesta a No es el mejor bajista que conozco

  1. Noehver dijo:

    Hay arquitectos como nosotros… Esa sala estaba hecha para follar. Estoy segura.

    Bss

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