Se giró y fue derecha al armario, abrió la puerta y cayeron todas esas mariposas muertas, tiesas, negras y crujientes, cayeron todas ante sus pies, su blancos y anodinos pies.

-¿Desde cuando las guardas? preguntó desinteresadamente.

-No lo sé…Hace tiempo que no abro ese armario.

-Ya…

Se humedeció los labios, cogió su viejo suéter, le dio una sacudida y se marchó. Siempre le sobró elegancia para hacer estas cosas.

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