oh baby please, believe me.

Me muerdo una uña, lentamente, los miro a todos de arriba abajo, saboreo rápidamente la insulsa uña, la escupo mientras miro a Joan, un par de miradas rápidas de un extremo a otro de la habitación, sin fijarme demasiado en los detalles profundos, solo controlo la situación desde este punto, exteriormente.

Una gota de sudor baja por mi frente, es treinta de agosto y una mosca se ha posado en mi frente, la espanto de un manotazo, Elisa se ha dado cuenta, me mira a los ojos, yo no le sigo la mirada, me toco la nariz tres veces seguidas, me muerdo otra uña, esta vez la del dedo gordo, a la vez saco un cigarrillo y dejo media uña a medio terminar.

Empiezo a sentir el olor de mis axilas, pero en el momento que enciendo el cigarro, al cabo de los segundos dejo de percatarme del olor a rancio.

Siguen con esa conversación sobre meaderos de gatos, unos curiosos sistemas que funcionan con tapaderas que pones encima de vater y los gatos van meando ahí, no puedo explicarme como Elisa con esa cara de estirada, compartiría taza del vater con su compañero felino. El ser humano y su enfermizo comportamiento, me ponen nervioso, sin querer se me escapa una risa nerviosa, ahora todos me miran, parece que hace rato que se han dado cuenta que voy un poco colgado, se ha descolgado el teléfono, la piña se ha caído del árbol.

Me vuelvo a tocar la nariz, ahora la nuca, me quemo los labios con la última calada, tengo que irme, me temo que es hora de irme, si, es hora de irse.

-tengo que irme

-Tan rápido.

-si, tengo que irme

-Pero tan rápido.

-si, tengo que irme.

-Esta bien, nos vemos mañana.

-Si, ya sabes…ten… adiós

Salgo por aquel angosto pasillo, no se si alguna vez oíste a una puerta hablarte, pero no es nada agradable, en absoluto, me miran, me torturan, este sitio me pone enfermo, necesito un poco de aire fresco. Al salir veo un bonito jarrón de porcelana china, fabricado en Taiwán seguramente. M-A-D-E –I-N- -T-A-I-W-Á-N.

Cojo el jarrón y me tiro el agua por encima, hace mucho calor, estamos en agosto, es normal que alguien salga mojado de su casa, bueno realmente no es mi casa, ni si quiera me siento como si fuera mi casa, jamás pude estar cómodo del todo, no es uno de esos lugares en los que termines de estar cómodo, uno no puedo colocarse a gusto, ese lugar, es punzante, está afilado, no es un buen lugar…

Allí iba el extraño hombrecillo de la camisa verde, en una ciudad que no era la suya, sudando en pleno mes de octubre, creyéndose que todavía es verano, tiene un problema de glándulas sudoríparas y aun no lo sabe. Maldito cocainómano enfermo, el problema lo tiene el, se raya demasiado, no es bueno que consuma tanto y si la cocaína es una droga que puede disfrutarse en solitario, debería emplearla de ese modo, es más, creo que para el sería mejor, no lleva bien colocarse cuando hay gente, se siente observado siempre, creo que sufre de manía persecutoria, como su padre. Es un chico con problemas, simpático, pero tiene problemas que debería mirarse.

Llego a mi casa, y enciendo la televisión, otro de esos programas de tele tienda, compre una escalera irrompible e interminable hasta el jodido cielo ahora mismo por tan solo nueve millones de euros. Impresionante. Ahora es cuando todo me parece mas normal, aquí en mi casa, llena de costra en la moqueta, ¿Qué pinta una casa con moqueta en España? Estamos en Europa, las moquetas deberían ser para todos.

Enciendo un cigarrillo,  ella me espera en la cama, a veces me pongo demasiado nervioso y necesito algo que me tranquilice, que me proporcione el bienestar de mi casa, de mi antigua habitación verde llena de muñecos, amigos y enemigos por todos sitios, todavía respiro ese aire viciado con regusto a tabaco concentrado de una semana, mis calcetines en el suelo, mi libreta en la mesa, David Pajo sonando en el aparato de música, mi colección de gafas de sol. Una vida que me niego que se haya marchado, que todavía siento cerca de mi, tan cerca que aun no se ha ido y me voy a la cocina a por un bollo de chocolate, me gusta sentir el chocolate en mi boca, con una textura no suave del todo, un poco sólida, pero placentera, mi madre está viendo la tele en el salón, me siento a su lado y le doy un abrazo, saca ese jersey de punto que lleva meses tejiendo para mi y hablamos sobre mis novias, mis amigas y mis buenas y malas experiencias, un coctel de palabras para abrir boca, cerrarla y volverme a mi habitación, donde mi perro me espera acostado en la cama, me tapo y me doy las buenas noches.

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