– ” Sos el antimorbo”

Decía encajado en una repisa, su cuerpo se fundía con la madera, apenas se notaban las vetas de color , no existía diferencia entre la madera de ébano y su piel tostada, raro para ser un fantasma, raro para ser un retal de seda sin tratar.

Vuelvo a la cocina, las cosas ya no son como hace cinco minutos, todo me produce rechazo, es ahora cuando el cemento y el yeso detrás de los azulejos se torna líquido y lo mancha todo, una pasta viscosa de irrealidad empieza a envolverlo todo, las paredes se van junto a los muebles, junto a la vajilla, hasta mis manos se hunden, aparecen pliegues confusos, somos una enorme mezcla de materia orgánica e inorgánica, nos inventamos un infinito, me he fundido con la cocina, con mi vecino, con mis pastillas, seguimos descendiendo y descendiendo y parece que nunca vaya a parar.

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